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El triunfo del presidente Erdogan confirma el giro nacionalista de un país dividido en mitades

El jefe de Estado obtuvo el 52,16% de los votos, frente al 47,8% de su oponente, Kemal Kiliçdaroglu. Lleva 20 años en el poder y gobernará cinco más.

Erdgan tras ganar el balotaje
Erdgan tras ganar el balotaje

28 Mayo de 2023 18.28

El presidente saliente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, reivindicó este domingo la victoria en la segunda vuelta de las presidenciales. Los turcos apostaron este domingo por continuar con la senda nacionalista del jefe de Estado, el político islamista que lleva 20 años en el poder, al confirmarlo en el cargo por un mandato más, de cinco años.

"Nuestra nación nos ha confiado la responsabilidad de gobernar el país durante los próximos cinco años", declaró Erdogan a sus seguidores desde lo alto de un autobús en su distrito natal en Estambul.

"Cumpliremos todas nuestras promesas", afirmó el jefe de Estado, que lleva 20 años en el poder, asegurando que "cada elección es un renacimiento". "Estas elecciones han demostrado que nadie puede atacar los logros de esta nación", continuó. Se burló de la derrota de su rival, Kemal Kilicdaroglu, diciendo “bye, bye, bye, Kemal”, ante los abucheos de sus partidarios.

Kemal Kiliçdaroglu ha admitido este domingo su derrota en las elecciones presidenciales. "He luchado por vuestros derechos, he luchado para que podáis vivir en prosperidad y seguiré luchando", dijo Kiliçdaroglu durante una breve comparecencia en la sede central de su partido, el socialdemócrata CHP, en Ankara.

Seguidores de Erdogan celbran en las calles de Estambul. Foto AP

Según la agencia oficial turca Anadolu, Erdogan obtuvo el 52,16% de los votos, frente al 47,8% de su oponente, Kemal Kiliçdaroglu, tras el recuento de casi el 99% de los votos. Unos 61 millones de personas estaban habilitados para ir a las urnas, en una jornada que transcurrió en general en calma, pese a algunos incidentes aislados y denuncias de irregularidades por parte de la oposición.

El resultado electoral refleja una vez más la división de la sociedad turca en dos mitades casi iguales, a favor y en contra de Erdogan y su discurso nacionalista e islamista. Su promesa de convertir a Turquía, heredera del Imperio otomano, de nuevo en una gran potencia islámica internacional, con industria de armamento propio, ha tenido un gran eco en el electorado.

Los argumentos de la oposición, que subrayan una nefasta gestión económica, con la inflación interanual superior al 40 %, un desplome de la moneda nacional y una carestía generalizada, han movilizado la otra mitad del electorado.

La oposición ha denunciado la enorme desigualdad de condiciones en la campaña electoral, con todos los medios públicos y casi todos los privados emitiendo sin cesar el discurso del presidente. La radiotelevisión pública TRT ha dedicado a Erdogan 50 horas de emisión en la campaña, frente a 50 minutos para Kiliçdaroglu, señala el partido de este último, el socialdemócrata CHP.

Con todo, Kilidaroglu ha forzado una segunda vuelta por primera vez desde que se instauró la elección del jefe de Estado por sufragio directo en 2014, y su marca de este domingo es la mejor de la oposición desde que gobierna Erdogan.

Los analistas destacan que Kiliçdaroglu ha conseguido unir en un gran bloque de la oposición a un importante sector del nacionalismo turco, por un lado, con la izquierda y al nacionalismo kurdo, por el otro, cuando habitualmente son posiciones muy enfrentadas.

Pero una vez más, el carisma y la retórica de Erdogan, que recorrió el país de forma incansable durante meses de campaña electoral, han podido convencer a una mayoría.

Es de esperar que con su victoria, la economía turca seguirá frágil y sobrecalentada, con una política dirigida a incentivar el consumo, la producción y el empleo, pero no puede sostenerse a largo plazo, ya que la moneda se mantiene artificialmente por intervenciones del Banco Central.

En algún momento, Erdogan, quien nombra y destituye a los gobernadores del Banco, debe sanear la economía, lo que, según los expertos, significará un estancamiento y un empobrecimiento de la población.

No obstante, su discurso de hoy apunta a que puede intentar retrasar ese momento hasta después de las elecciones municipales en Estambul, previstas para el año próximo.

Nada más declararse vencedor, Erdogan exhortó a sus seguidores a trabajar para que el AKP, su partido islamista, recupere en esos comicios la plaza de Estambul, que perdió en 2019, junto a la de Ankara.

También la política exterior está sujeta en Turquía a tácticas de política interior, lo que explica el agresivo discurso de Erdogan en el último año, destinado a granjearse simpatías en el sector nacionalista, por lo que probablemente, ahora rebaje el tono para reducir el desgaste en el frente internacional.

Hace ya meses avanzó que una reconciliación con el dictador de Siria, Bachar al Asad, tendrá lugar pronto, y también insinuó que el bloqueo de la entrada de Suecia a la OTAN podría reconsiderarse una vez ganado de nuevo el cargo.

Donde no se esperan grandes cambios es en el sector de los derechos humanos: los numerosos activistas políticos encarcelados, a menudo bajo acusaciones poco fundadas, tendrán que esperar seguramente hasta la próxima cita electoral, en 2028, para ver la libertad